Lex Hixon

Oh antiguo y distante pensador
que escribiste “todo es agua:
fluida, transparente, profunda…”
Yo en ocasiones siento que todo es luz.
Y como seguramente te preguntaron:
“¿cómo pueden las piedras y los árboles ser agua?”
así me cuestionarán a mí:
“¿qué dices del barro? ¿qué de la tristeza?”
Si has argumentado
no te sobreviven tus palabras;
pero mil años después,
yo sencillamente afirmo: “todo es luz”;
el mar, las colinas, los caballos, las sinfonías…
¡Cuidado! no es luz natural de lo que hablo…

Pero ¡basta ya!, porque puedo decir más
de lo que quede inscrito, solo,
en las flamas danzantes de mi hoguera:
la enigmática frase: “Todo es luz…”
Y que el tiempo sea tan magnánimo conmigo
como lo has sido tú, antiguo hermano.
Y que mis palabras,
preservadas por un milagroso accidente
encuentren un espíritu afín.

Lex Hixon, 1963                              

Lex Hixon/Nur al Anwar al Yerráhi, un Sabio Moderno *

En cada era hay ciertos seres humanos encargados de mantener viva la transmisión del conocimiento divino. Protegen a la creación a través de su luz, y antes de salir de este mundo, legan a esta función a otras personas. Lex Hixon, Shaykh Nur al-Jerrahi, el autor de este texto en Inglés, llamó a estos seres sabios. Él mismo era uno de ellos – un sabio de la era moderna. En todo momento, Nur afirmó la enseñanza de que la suprema Verdad supera todo concepto y no puede ser comprendida a cabalidad, sin embargo, está en todas partes y es todo lo que existe. La única manera de que los buscadores realicen la verdad es develándola dentro de sí mismos, porque ellos nunca están separados de ella. Nur experimentó personalmente la Realidad Suprema como amor sin límites, y derramó el vino del amor perfecto en innumerables corazones abiertos. Ninguna cantidad de palabras podrían describirlo a él o a los medios de los que se valía para enseñar que siempre eran sorprendentes, capaces de desarmar y compasivos. Ya sea que le llamaran ‘Sheij Nur’ o ‘Lex’ los buscadores que le rodeaban de los distintos caminos, su vida siempre se dedicó a revelar la verdadera naturaleza del espíritu humano, y la liberación de la mente moderna de la prisión del materialismo y la duda existencial. Él ayudó a liberar a la religión del peso de la compulsión, la convención y el patriarcado. Tuvo la visión de una humanidad consistentemente inspirada por el aliento del amor divino y continuamente desapareciendo en la Existencia divina. Él era un amigo de todas las grandes tradiciones religiosas, y trabajó para el entendimiento entre éstas y el amor. Una obra literaria de siete libros ha quedado como uno de sus grandes legados para las nuevas generaciones. Nur se negó a reducir uno de estos mundos sagrados a la óptica de otra, ya que consideró que cada una es una perfecta expresión de la verdad, y cada uno tiene el potencial para lograr la completa realización.

Durante trece años, como parte de su exploración y el servicio incesante, Lex llevó a cabo un programa de radio llamado En el Espíritu. Desde esta plataforma entrevistó a maestros espirituales de todo el mundo, impulsando a un número indefinido de oyentes en los caminos espirituales que representaban. En una de las emisiones tuvo el encuentro con el maestro vivo que se convertiría en su maestro y guía en el camino de Sufí. Sheij Muzaffer Ozak al-Yerráhi era alguien que se había vuelto un “maestro de la esencia” en plena madurez, el Qutub de su tiempo. Él abrazó a Lex como su hijo espiritual, y le dio el nombre de Nur, la luz divina. En efecto Nur manifestaría el Islam como un camino deslumbrante de luz, verdad y amor sagrado. El rayo fulminante había dado el salto desde el Oriente hacia el Occidente.

A través de los quince años restantes de su vida Shaykh Nur Lex Hixon se convirtió en un manantial de inspiración. Sheij Muzaffer lo designó como cabeza de la comunidad de derviches estadounidenses que se reunieron en la mezquita al-Farah, en la ciudad de Nueva York. Después de la muerte del Sheij el 12 de febrero de 1985, muchos derviches recibieron sueños místicos de Nur como su sucesor, y así hicieron el compromiso del alumno con el profesor, el vínculo sagrado que es capaz de llevar a cabo la realización espiritual completa en el corazón del aspirante. Después de los primeros años de transición, la comunidad de Nur comenzó a crecer y a extenderse, en particular a través de sus viajes a promover sus libros y su participación en diversos eventos espirituales. Y así se formó una serie de círculos de amantes de Dios a través de las Américas, conectados al linaje espiritual de Sheij Nur, Sheij Muzaffer y el santo fundador, Pir Nureddin Yerrahi.

Un linaje espiritual se transmite de corazón a corazón a través de la especial relación de maestro y alumno – el vínculo entre quien encarna la luz y el recipiente que lo recibe con el fin de convertirse en una nueva encarnación. La transmisión espiritual, sin forma y sin palabras, se asemeja a un rayo de luz que salta del pecho de la maestra/o al corazón del estudiante. Este rayo trae consigo un nacimiento en el corazón del estudiante llamado qalb Weled, el hijo del corazón. Este niño tiene las características únicas de su linaje. Siguiendo la guía del maestro y se alimenta con la luz del Corán y el Hadith, el hijo de la luz crece y madura hasta que también se convierte en una guía para los demás. Este proceso da lugar a la formación y garantiza la continuidad de la comunidad espiritual, que es la matriz del Sufismo y de la encarnación viva del Corán y el Hadith. En el Islam, como en todas las tradiciones sagradas, el conocimiento se convierte en realidad cuando se vive.

* Extracto de la introducción escrita por Sheija Fáriha al Yerráhi de la colección de hadices 101 Diamantes, de la tradición oral del glorioso Mensajero Mohámmed.

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