La unidad trascendente de las tradiciones sagradas: Un examen de la naturaleza de la iluminación*

Science of Mind: Tú eres un místico practicante. ¿Qué tradiciones espirituales has estudiado?

 

Lex Hixon: En el presente estoy involucrado activamente en cuatro tradiciones: Cristianismo, Islam, Hinduismo y Budismo. Sin embargo, no puedo decir que haya sondeado la profundidad y la riqueza de ninguna de estas tradiciones. Soy sólo un punto muy pequeño en ellas.

Nací dentro de un ambiente cristiano, pero mi experiencia indica que en las diferentes tradiciones no hay una membresía separada, en un sentido último. Sólo existe la Gran Tradición, que tiene muchos nombres. La noción de una membresía separada aplica un criterio social sobre lo místico, sobre lo que es un asunto del corazón.

 

SM: ¿Cuál es la verdad central que has encontrado en todas estas tradiciones? ¿Puedes describirla con alguna frase o palabra, como por ejemplo, “iluminación”?

 

Hixon: Usé esa palabra en mi primer libro, Coming home (Volviendo a casa), cuyo subtítulo es “La experiencia de la iluminación en las tradiciones sagradas”. De modo que sí, iluminación es una palabra apropiada.

No obstante, conforme uno avanza espiritualmente, se es menos y menos capaz de dar cualquier respuesta simple a las preguntas en torno del Misterio Divino, a pesar de que percibo a todas las tradiciones sagradas como transparentes a la Verdad. En otras palabras, la Verdad brilla a través de ellas, aunque en última instancia no pueda ser expresada en palabras.

La verdad no es algo que uno pueda formular por completo. Los santos y las santas de todas las tradiciones invirtieron sus vidas en el intento de describir la Verdad inefable o tratando de tornar a la gente hacia ella. Decir que podemos declarar qué es la Verdad central sería, pienso, sobre-simplificar la riqueza de las tradiciones casi abandonándolas.

El maestro zen estadunidense Bernard Glassman escribió un libro llamado The Hazy Moon of Enlightenment (La luna brumosa de la iluminación), donde indicó que la bruma, o el misterio, de una luna llena en el cielo que no está del todo despejada es algo más profundo que tener una vislumbre clara de la luna misma. En el sufismo, algunos de los adeptos hablan de entrar en estados de perplejidad y no de claridad. Si uno concibe la iluminación espiritual en términos de claridad o de una especie de respuesta final, entonces se sigue apegado a formas limitadas de conocimiento. Esta luz que inunda la mente y el corazón en el centro mismo de todas las tradiciones —y que incluso podría decirse es la naturaleza de la Realidad Misma— no produce una experiencia simple o fácil de comunicar  o categorizar.

 

SM: Utilizaste la palabra luz para indicar la naturaleza última de la realidad. ¿Podrías ahondar en lo que esto significa?

 

Hixon: Hoy es un día otoñal muy nublado. Sin embargo, aun sin luces eléctricas, puedo leer y escribir. El sol, que ni siquiera es visible para mis ojos, sigue dotándome con luz suficiente para que yo pueda funcionar de cualquier manera. Del mismo modo, la abundante luz que arroja la Realidad Misma posibilita todas las actividades de la vida humana. Todos nuestros esfuerzos intelectuales, toda nuestra ciencia, todos nuestros compromisos éticos son posibles únicamente gracias a esa luz espiritual. En el mismo sentido puede decirse que todo ser en el mundo está experimentando algo de esta iluminación.

En el caso del místico, las nubes se abren y ocurre una visión directa del sol. Platón, en su diálogo La República, habla sobre el mito de la cueva. Somos como prisioneros en una cueva, de espaldas al sol, y todo lo que vemos son sombras. Cada tanto, alguien sale de la cueva y ve directamente hacia el sol. Una vez que ha contemplado el esplendor del sol, esa persona puede tener dificultad para regresar al interior de la cueva —es decir, al mundo convencional— y funcionar allí. Así, el místico, aquella persona que ve directamente, en ocasiones puede perder la capacidad de gozar y lidiar con el mundo ordinario.

Los más avanzados hombres y mujeres místicos que conozco en todas las tradiciones, son gente que tiene la capacidad de ver el sol desnudo, el Resplandor Divino, sin ser cegados ni quedar incapacitados. Son capaces de funcionar jubilosamente incluso en los detalles más nimios de la vida, comprendiendo que cada detalle de nuestro ser y nuestra existencia está iluminado por esa luz primordial. En la liturgia cristiana se hace referencia a Cristo como la Luz que ilumina toda alma que llega al mundo. De modo que la vida humana ya está, en sí misma, iluminada, y no deberíamos sentir que la iluminación es una clase de estado especial que uno o dos místicos han experimentado, mientras que el resto de nosotros vivimos en la oscuridad.

Al estudiar y experimentar las tradiciones místicas, uno aprecia más y más la vida humana. Uno comienza a apreciar la omnipresencia de la vida divina, la perfección extraordinaria del diseño de la creación, que permite a esta luz divina constituir y permear cada célula, cada átomo de la creación. El Qur’án afirma que un pájaro, al abrir sus alas, está alabando a Al-láh. Y más adelante dice que cada movimiento de la creación está alabando a la Fuente de la creación.

 

SM: ¿Has encontrado la misma idea, expresada en otras grandes tradiciones?

Hixon: Mencioné el Cristianismo y el Islam. En el Budismo, el nivel más alto de experiencia es la desaparición de la distinción entre lo absoluto y lo relativo, de modo que ya no pensamos en la Verdad última como si estuviese en otro lugar —un ámbito espacioso y lleno de luz—, ni pensamos en la existencia ordinaria como si estuviera atiborrada y fuese oscura. Para el sabio budista al igual que para el sabio confucionista, no hay una distinción absoluta entre la actividad y la meditación. Ambas son parte de la misma realidad.

 

SM: ¿Y es eso lo que expresa la antigua enseñanza budista: “Nirvana es samsara y samsara es Nirvana”?

 

Hixon: Correcto. Nirvana o la Realidad última, no es esencialmente diferente de samsara o el mundo ordinario, cotidiano. Estoy estudiando un libro llamado Confucian Contemplation (Contemplación de Confucio), escrito por un viejo amigo, Rodney Taylor. El pensamiento confucionista tiene una muy profunda influencia en todas las culturas orientales. En este libro se entrevista a un estudioso confucionista contemporáneo de origen japonés, quien practica el sentarse en silencio a la manera propia de la tradición confucionista. Él señala que en el confucionismo la acción y la contemplación deben convertirse una en la otra. La diferencia entre ambas debe desaparecer. Es un modelo para la unificación de la acción moral y la quietud contemplativa.

 

SM: Así que existe una unidad trascendente en todas las religiones y tradiciones sagradas, aunque éstas expresen su comprensión de lo que usted llama “el gran misterio” con terminologías y metáforas diferentes.

 

Hixon: Si respondiera desde un marco académico, diría que eso es correcto. Sin embargo, hablando como un místico practicante, ni siquiera puedo ver que existan diferentes tradiciones. Simplemente hay una Realidad y debemos ir más allá de la idea del diálogo entre las grandes tradiciones, por útil que esto sea en un nivel, para dirigirnos hacia la Realidad misma, de la cual las tradiciones surgen.

 

SM: Sin embargo, en algún sentido, hay una clara distinción entre las tradiciones.

 

Hixon: Por supuesto. Una persona, por ejemplo, puede dirigirse hacia mí y decir “Tú eres caucásico y yo asiático”. Ciertamente podríamos reconocer que pertenecemos a razas y culturas diferentes, pero eso no afectaría en nada nuestro sentimiento de que ambos somos seres humanos. Los místicos alcanzan el nivel de conciencia en el cual sienten que no hay distinción alguna entre ellos, aun cuando pertenecen a religiones muy diferentes, del mismo modo que un caucásico y un asiático no ven diferencia entre ellos en términos de su humanidad. El asiático puede volver a su cultura y el caucásico a la suya, sin pensar que ninguna de ellas debería desaparecer o que deberían fundir ambas culturas para crear alguna otra cosa.

 

SM: Entonces, existe una unidad subyacente en la multiplicidad y la diversidad de las formas.

 

Hixon: Al decir que existe una unidad subyacente en la diversidad, se implica que hay dos niveles de realidad. El nivel de la diversidad y, por debajo, está la unidad. Esta es la clase de dualismo de la cual el místico es emancipado gradualmente.

 

SM: Pero para quien aún no cobra conciencia de este hecho, la dualidad puede al menos ser reconocida. Esto se hace, por ejemplo, en términos de la noción de las formas esotéricas y exotéricas de la religión.

 

Hixon: Estoy en desacuerdo con el análisis de la religión como esotérica y exotérica. Es como partir la religión exactamente por la mitad. No se puede decir que la religión contiene en un nivel meros dogmas y en el otro las grandes experiencias místicas. La religión es un cuerpo unificado con todas sus estructuras y funciones en armonía. Cuando practico una tradición, como el Budismo Tántrico, jamás pensaría en proceder sin tener todas las iniciaciones necesarias para llevar a cabo una práctica. Lo mismo sucede con las otras tradiciones. No existe una distinción clara entre los elementos externos e internos de una religión. Son interdependientes y ambos son necesarios.

 

SM: ¿No aplica aquí la afirmación de la Biblia sobre la diferencia entre la letra y el espíritu de la Ley?

 

Hixon: Sí y efectivamente existe una diferencia entre la letra y el espíritu. Pero también debemos realizar que la letra y el espíritu de la Ley son complementarios. Veamos el ejemplo de la Ley. Hasta donde puedo ver, la naturaleza tiene ciertos patrones. Es posible discernir su operación en el universo. Hasta cierto grado estos patrones parecen ser fluidos y flexibles, sin embargo, hay una especie de rigor en su manera de funcionar. Del mismo modo, cada religión es como un universo. Las leyes de dicho universo funcionan muy estrictamente, aunque también hay flexibilidad. Una persona que entra en una religión debe estar lista para someterse a las leyes orgánicas que ahí gobiernan. No es sólo una cuestión de interpretación personal, donde lo que tú quieras o pienses es lo mejor. Existe la verdad objetiva y existe el funcionamiento objetivo de las leyes. También hay ciertos errores por los cuales tiene que buscarse algún tipo de purificación o arrepentimiento para poder limpiarlos. Por lo tanto, me parece engañoso hablar como si pudiéramos prescindir de la letra de la Ley y quedarnos sólo con el espíritu de la Ley.

 

SM: La mayoría de la gente siente que su secta o denominación particular es mejor que otras. Tienden a ver al resto con desprecio, con cierto grado de superioridad, y el resultado es una intolerancia religiosa e incluso una guerra abierta. ¿Cómo se puede ir hacia la verdad más profunda de la religión, más allá de ese sentido estrecho de identificación ella, sin desprenderse de las raíces de la religión propia?

 

Hixon: Esa desarmonía es lamentable pero quizás muy natural. No he visto un lugar en la naturaleza o en la vida humana donde sólo haya un navegar claro, sin conflicto. En nombre del misticismo, uno no debería retirarse del reino del conflicto e intentar construir una utopía en la que no haya diferencias de opinión ni serios conflictos de valores. Pienso que existen serios conflictos de valores.

 

SM: ¿Qué opinan los místicos avanzados sobre otras tradiciones, diferentes a la suya propia, que son reconocidas por contar con niveles similares de realización?

 

Hixon: No hay duda en que las grandes religiones a menudo han tenido un sentido de superioridad sobre todas las demás. Los santos islámicos avanzados o los santos budistas avanzados seguramente van a sentir que de alguna forma su tradición es superior a todas las otras tradiciones. No es que sientan que las otras tradiciones carezcan de veracidad o que no puedan ser un vehículo para el desarrollo espiritual. Estos santos y santas sienten que han llegado hasta donde están debido a la claridad única o al poder único de su propia tradición. Así que es erróneo pensar que los místicos espirituales avanzados no sientan la superioridad de su particular tradición sobre las otras tradiciones.

 

SM: ¿Pero pueden al mismo tiempo venerar todas las otras tradiciones?

 

Hixon: No necesariamente. Algunos tienen actitudes sumamente críticas con respecto a las otras tradiciones.

 

SM: Se puede ser crítico y al mismo tiempo reverente.

 

Hixon: Algunas personas muy evolucionadas que he conocido son muy reverentes en torno a todas las tradiciones, parece ser una característica de su naturaleza. Otros, sin embargo, no tienen esa naturaleza particular. Tienen una orientación más crítica y sienten que es necesario que exista una dialéctica crítica para poder aclarar la mente y para no caer en lo que ellos consideran ideas falsas y peligrosas provenientes de otras tradiciones.

 

SM: Pero sin el uso de armas de combate para imponer a otros sus ideas y tradiciones, religiosas o no religiosas.

 

Hixon: Yo esperaría que en este momento de la historia en el que existen pocos estados con religión oficial, la religión ya no se imponga a la gente a través de la política. Sin embargo, eso es una de las predisposiciones de la naturaleza humana y todavía existe el peligro de que algún estado (cristiano, islámico o de cualquier otra religión) pudiera intentar imponer su religión sobre otro estado o sobre sus ciudadanos. El Marxismo, que es una cuasi-religión, es un ejemplo obvio de esto.

 

SM: Exploremos algunas de las características de aquellas personas que realmente perciben el Gran Misterio, sin importar de cuál tradición provengan. ¿Cuáles son las cualidades de mente, corazón y comportamiento que indican iluminación, comprensión de Dios, o cualquier otro término que pueda describir una experiencia de la unidad trascendente de las religiones?

 

Hixon:  Así como dije que soy renuente a caracterizar o describir la Verdad central, de manera similar y conforme adquiero más y más experiencia, titubeo al describir cómo es o cómo actuaría una persona santa o una persona totalmente integrada. Parece haber una infinita diversidad de posibilidades. Parte de la mentalidad estrecha que legítimamente te preocupa sería la estrechez mental de las tradiciones que dicen que una persona santa es alguien que guarda celibato, que no fuma, que no come carne, etcétera. En realidad, eso es imponer los ideales de una tradición particular sobre otras tradiciones. Hay gente santa que es guerrera, o son científicos, revolucionarios o partidarios del status quo. San Pablo decía que los esclavos deberían permanecer como esclavos y no buscar su emancipación.

 

SM: En su uso del término “gente santa”, percibo cierta concepción de un comportamiento virtuoso que, podría suponerse, seríamos capaces de descubrir dentro de todas las grandes tradiciones.

 

Hixon: Es tentador intentar reducir la santidad a una descripción en la que todos pudiéramos estar de acuerdo, pero yo pienso que debemos resistirnos a esa tentación y permitir que la exploración de la realidad espiritual sea libre y abierta. Siento que una persona iluminada, sea cual sea su comportamiento externo, será una bendición para el mundo. Me resisto a restringir la forma en la deberían comportarse.

Tomemos la compasión. Sin duda, la compasión es la primera característica de la iluminación. Pero la compasión se expresa de muchas maneras. A un niño que es forzado a quedarse en la escuela para hacer tarea, esto puede parecerle una total falta de compasión de parte de su maestro. Claro, el maestro puede ser extremadamente compasivo y estar haciendo muchos sacrificios personales para ayudar a este niño con sus estudios.

Las tradiciones proféticas nos dicen que Dios es infinitamente compasivo y sin embargo, nosotros vemos un mundo lleno de cosas terribles; así que tenemos que asumir que esto es, de algún modo, la expresión de la Compasión Divina. Vemos, tal como Job concluyó al final,  que los caminos de Dios están infinitamente más allá de los caminos humanos. Por tanto debemos resistirnos a la tentación de poner en un lenguaje humano razonable este Gran Misterio o a las personas que han probado este Gran Misterio y han sido transformadas por él. Pienso que lo que tenemos aquí es precisamente un misterio. Y mi forma de salvaguardarlo de la estrechez mental que a ti te preocupa es mantener este misterio abierto.

Podrías muy bien preguntar: ¿Cómo lidiamos entonces con los charlatanes o con quienes hacen declaraciones espirituales sin tener nada que las sustente? Y yo respondería que hay muy pocos caminos para defenderse de esas personas.

 

SM: ¿Debería permitírseles funcionar sin restricción o castigo, incluso si se aprovechan de otras personas, abusan de su confianza o los engañan estafándolos en sus bienes materiales o con cosas por el estilo?

 

Hixon: Si los pescas por evasión fiscal o por malas prácticas profesionales puedes someterlos a la norma social y llevarlos ante la justicia civil. Entonces, por supuesto, ellos tendrían que responder a los mismos estándares estrictos a los que todos debemos responder dentro de una sociedad. Pero en cuanto a legislar la santidad, eso es imposible. El camino espiritual es tan peligroso y tan estrecho como una navaja de afeitar.

La religión es un área de gran riesgo en la vida de una persona. ¿Cómo encuentras una pareja para el matrimonio? ¿Como puedes confiar en alguien para enamorarte? Pues bien, aunque a veces las cosas no funcionan y tienes que divorciarte, eso no quiere decir necesariamente que le harás un juicio legal a la persona porque te parece que te utilizó o se presentó ante ti con una imagen falsa de quien era. Es un asunto del corazón. La religión también es así, a fin de cuentas es un asunto del corazón. Mientras más restricciones y salvaguardas se pongan a la religión, más riesgo habrá de institucionalizarla totalmente y perder así la chispa y el misterio de todo ello.

 

SM: Las personas con quienes has convivido algún tiempo, cómo muestran su realización del Gran Misterio. ¿Cuáles son algunas de las notables cualidades que has observado en ellas?

 

Hixon: Tendría que decir: la audacia y la riqueza de su humanidad, de su ser humanos. Cualquier cualidad que uno pueda admirar en un verdadero ser humano se intensifica en una persona santa. Resulta entonces que no estamos huyendo de nuestra humanidad al convertirnos en místicos. En realidad estamos corriendo hacia nuestra humanidad. No nos estamos convirtiendo en seres sobrehumanos, simplemente nos estamos convirtiendo en seres humanos.

 

SM: Bueno, los seres humanos exhiben un amplio rango de emociones. Desde la ternura de una madre con su hijo hasta la ira y la violencia de un hombre enloquecido. ¿Esto último también se intensifica en los santos?

 

Hixon: Algunos de los santos y santas que he conocido han tenido un temperamento tremendo. La idea de que un santo tiene que ser dulce y apacible todo el tiempo es un malentendido. He visto santos regañar a sus discípulos con fiereza. La diferencia de este comportamiento en el santo es que proviene de la compasión y, en algún sentido, sana a la persona que lo recibe. Los santos muestran el espectro completo de las emociones humanas. El profeta Mujámmad, por ejemplo, a menudo visitaba a sus nueve esposas en una sola noche antes de salir de peregrinación. Así que la idea de que un santo no puede ser sexual o no puede tener esa clase de experiencia de intenso amor humano es también una concepción falsa.

Para darte otro ejemplo, el Cristianismo Católico Romano acepta la idea de que los sacerdotes deben guardar celibato, de hecho es una idea que se introdujo en el siglo XI como una forma de disciplina. En los días iniciales de la cristiandad, cuando la iglesia era nueva (incluso) se casaban los obispos. Una de las cosas que los capacitaba como obispos era ser hombres casados. En la medida en que podían tener sus hogares en armonía, estarían calificados para mantener una comunidad espiritual en armonía.

Ahora bien, si hablas de las nueve esposas de Mujámmad con una persona educada en un contexto católico, con sacerdotes célibes, pensará que Mujámmad no era un Profeta, sino un loco. En cambio, sabemos que Mujámmad fue uno de los Profetas más exquisitos. En la actualidad, a catorce siglos de su muerte, su comunidad está conformada por más de mil millones de personas, así que no cabe duda de que fue un Profeta verdadero. Tal como dijiste antes, si alguien es educado con un marco religioso particular, es probable que sea muy cerrado sobre otros tipos de manifestaciones espirituales.

 

SM: Entonces, permíteme preguntar: ¿Cuál podría ser la cuestión central al explorar las nociones de las diversas tradiciones que, sin embargo, tienen la misma verdad en su corazón? ¿Son la pérdida de la estrechez mental y el dogmatismo características de un santo?

 

Hixon: Cuando dices estrechez mental y dogmatismo estás usando dos términos negativos. ¿Acaso debemos considerar la mayoría de los procesos que estamos discutiendo ahora como negativos? Como dije antes, un santo, una santa o una persona realizada puede mantener una actitud híper crítica hacia prácticas de otras tradiciones e incluso hacia prácticas de su propia tradición que pudieran considerarse una distorsión. De modo que dos santos islámicos y dos sabios budistas pueden estar en un fuerte desacuerdo con el otro en puntos claves de su tradición. Ojalá ellos no recurran a contextos violentos para resolver el desacuerdo pero, fuera de esto, ellos usarán cada gota de poder personal y de facilidad verbal con la que cuenten para hacer valer su punto de vista.

 

SM: Eso está instituido en las tradiciones hinduista y budista, en las cuales el debate entre los novicios en entrenamiento es una práctica común. De la misma manera, los sacerdotes cristianos y los ministros seminaristas son entrenados en retórica y argumentación para defender su fe.

 

Hixon. Sí. Y esto sugiere algo del valor que tiene una exploración rigurosa de las ideas espirituales. Por ejemplo, en el movimiento actual de la Nueva Era, casi todo se puede pasar en nombre de la espiritualidad, independientemente de lo tonto o incluso peligroso que resulte.

Y aunque acabo de decir que estoy en contra de las restricciones y las prohibiciones en la práctica religiosa, debo decir muy claramente que las religiones establecen —y mi experiencia personal lo confirma— que puedes cometer errores sobre asuntos espirituales y que estos errores pueden y deben ser refutados. La pregunta entonces sería: ¿Cuál de todas las refutaciones aceptarías? ¿De qué autoridad? Los debates internos, digamos en la tradición budista, son una cosa, pero es insostenible el debate entre tradiciones en las que, por ejemplo, el budismo refutara al cristianismo o viceversa. La refutación en realidad no es válida porque no está basada en un cuerpo compartido de leyes o principios lógicos. Las diferentes tradiciones, podría decirse, responden a diferentes lógicas. Por lo tanto, no veo cómo sería posible tener un debate válido entre tradiciones diferentes. Cada una refutaría a la otra según su propia lógica.

 

S M: Tú eres un académico y un practicante espiritual familiarizado con una amplia gama de religiones y tradiciones sagradas. ¿Has observado similitudes que puedan ser usadas para legitimar una tradición, cualquier tradición?

 

Hixon: Creo que debemos apoyarnos en nuestra humanidad. Como seres humanos tenemos un sentido de la verdad, así como un sentido de la existencia de la verdad. Intuimos  que existe algo como, digamos, la dignidad del ser. Sin importar a qué tradición pertenezcamos, sin importar a qué cultura pertenezcamos, tenemos diversos sentimientos profundos y deberíamos atenernos a estos sentimientos humanos. Si nuestra conciencia nos interpela acerca de algo, entonces deberíamos rechazar ese algo. Si sentimos que una cualidad particular en una persona es atractiva, si sentimos que irradia belleza y alegría, entonces deberíamos aceptarla.

Sin embargo, para que nosotros podamos hacer ese tipo de evaluaciones, nuestros sentimientos tienen ser educados. Tomemos el ejemplo de un catador de vinos. Muy probablemente siendo aún pequeño, el catador probó su primer sorbo de vino y lo escupió, con la sensación de que sabía horrible. El gusto del catador de vino debe ser refinado, educado, para ser capaz de diferenciar un buen vino de uno malo. De la misma manera, nuestros sentimientos deben ser educados. Por esta razón deberíamos tomar un camino de práctica espiritual: para refinarnos, para refinar nuestras sensibilidades al punto en que podamos realmente discriminar aquello que es una herencia muy fina de una pobre, dentro de una tradición religiosa particular.

 

SM: En mi particular revisión de las tradiciones sagradas y las religiones del mundo, veo dos cosas en común. La primera es aquello que podríamos denominar la Regla de Oro. La segunda es lo que tú acabas de mencionar, es decir, una forma de disciplina espiritual. Ambas tienen una teoría y una práctica que apuntan hacia la humanización de la gente, a reducir la violencia y el derramamiento de sangre y el egoísmo mediante la realización experiencial de lo Divino.

 

Hixon: Concuerdo con tu análisis. Y por ello pienso que las tradiciones religiosas son absolutamente esenciales para el porvenir de la humanidad en este planeta y que, mediante la instrumentalidad de lo que acaba de describir, ofrecen el único camino lo suficientemente poderoso para revertir la capacidad de división y de destrucción de los seres humanos. Algunas personas han señalado cuántos han muerto en el nombre de la religión. Yo no lo niego, pero si se suma el número de personas que ejecutaron Stalin y Hitler —estos fueron hombres que no tuvieron religión, ni límites religiosos ni visión religiosa— superaría por mucho el número de personas que han sido asesinadas en todas las guerras religiosas en la historia. Así pues, en lugar de ver la religión como algo que pertenece a la infancia de la humanidad y de lo cual podríamos prescindir ahora, en favor de una diplomacia racional, científica e internacional, los seres humanos deberían reexaminar la posibilidad de que la religión, entendida como un entrenamiento y una expresión trascendental para nuestra unidad, sea el camino del porvenir.

La religión es el camino para la paz y la armonía futuras del planeta. La era de la ciencia ha terminado y la era de la religión ha comenzado. Esto no significa que la ciencia no seguirá encontrando cosas muy interesantes, pero el tiempo en el cual los seres humanos se definieron a sí mismos en términos científicos ha pasado. Deberíamos pensarnos ahora en términos religiosos, como seres visionarios, elevados y trascendentes. Mientras la religión se manifieste seguirán siendo necesarios obispos, swamis, rabinos, y todas las particularidades de las tradiciones seguirán existiendo. Pero esto, de alguna manera, tiene que hacerse más transparente a la realidad de la religión en sí, a la realidad de una visión trascendente entendida como el camino que la humanidad debería vislumbrar para sí y para su futuro.

 

SM: Entonces en la “nueva era” permanecerá la multiplicidad de tradiciones y sectas y denominaciones.

 

Hixon: Sí. Y esta multiplicidad debería ser vista como sana, natural y muy positiva. El hecho de que algunos charlatanes puedan inmiscuirse en el cuadro no debería inquietarnos o aterrorizarnos. Sólo tenemos que mantener en marcha nuestros esfuerzos por discriminar y, al mismo tiempo, nuestro sentido de tolerancia y apertura. Gradualmente, así como se deshierba un jardín, aprenderemos a arrancar la mala hierba y dejar crecer las flores. Eso es lo que nos permitirá distinguir las tradiciones espirituales genuinas de las inauténticas.

 

 

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* Entrevista con el Dr. LexHixon, hecha por John White (Science of mindjournal, abril, 1989).

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